martes, 22 de enero de 2013

LOS MIR HACEN MUCHO DAÑO A LA PROFESIÓN

Claro que resulta necesaria la formación especializada, de la Profesión Médica y de otras, también de la Profesión Enfermera, pero ello no puede ser en detrimento de aquella sobre la de Enfermera. Nuestra Profesión tiene sus propios problemas, como para "asumir" la de las demás.
 
Desde luego que habrá quien siga el dictado de otras, pero ello no puede ser en detrimento de la propia Profesión. Públicamente, quien está nombrada/contrada como Enfermera se debe a la Profesión, es decir, a los usuarios y pacientes. El sistema abona un salario por los servicios prestados a los consumidores y usuarios, no por auxiliar a otros. A la Enfermera en sus responsabilidades las auxilian, no auxilia.
 
Hoy se publica un artículo que dice: "El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha publicado los datos sobre ‘Indicadores Clave del Sistema Nacional de Salud’ de los últimos años, entre los que se encuentran las cifras relativas del gasto por comunidades en formación de residentes. En el último año del que hay datos, el 2010, se puede ver que Madrid y Cantabria fueron las comunidades que más dinero de sus presupuestos sanitarios dedicaron al apartado de formación sanitaria especializada".
 
La Profesión Enfermera no puede estar al servicio de otra.
 
"Tréeme la historia de ...", ¡cómo! La historia está en su sitio; que me la traigas, ... ¡Que te lleve la historia!, ¿tú crees que el sistema de salud me paga un sueldo para llevarte a tí la historia? Así de sencillo. Y a ésto hay que añadirle el asunto de los tratamientos y sus modificaciones, cuando no pasas por las habitaciones y te encuentras la perfusión de los sueros con pautas modificadas.

Otra intromisión no menos importante es cuando "deciden", por su cuenta, canalizar determinada vía, porque sí o a petición de la Enfermera. Y eso no puede ser. Y no puede ser porque el sistema no puede estar organizado de esa forma y manera. Cada cual tiene que aprender a respetar las competencias ajenas, como son las de la Enfermera. La medicina no puede campear a sus anchas, sin tener en cuenta que en el sistema funcionamos las dos profesiones, que somos las responsables de la atención sanitaria directa.

Y qué comentar respecto de ese otro especialista que acude a la unidad, que te ignora, salvo que precisa algo que no encuentra en su camino.
 
¿Quién y porqué se ha modificado la pauta del tratamiento?, preguntas; ¡ah!, he sido yo. Pues la próxima vez lo escribes y lo comunicas, porque debemos saberlo, por las conscuencias. Además, me pagan, entre otros motivos, para eso, no para llevarte la historia y cumplimentar tus deficiencias.
 
Otra intromisión es la "comunicación" entre la auxiliar de turno -que no está contenta con su status- y el médico, suplantando a la responsable Enfermera de los pacientes. Preguntas sobre qué hacer con el paciente ... Y así todos los días. Al final, quien "no quiere problemas", opta por mandar todo a hacer puñetas.
 
¿Quién paga los platos ratos?, el paciente, sin duda. Aquello se convierte en un infierno, que solo es subsanable cuando desapareces.
 
Atribución colegial de competencias.
 
El Tribunal Constitucional ha dejado bastante claro una cosa: el ejercicio de las competencias colegiales de ordenación de la Profesión se atribuye, en exclusiva, a los Colegios Profesionales, ... Y uno de esos Colegios es el de la Profesión Sanitaria, titulada, regulada y colegiada de Enfermeras, cuya cautela está dirigida a garantizar que el ejercicio de las competencias profesionales se hagan conforme a la "lex artis" y normas deontológicas. Y no resulta deontológico privar del tiempo suficiente a los usuarios y pacientes en detrimento de auxilio a la otra Profesión.
 
El sistema es el que paga para ejercer de Enfermera, no de auxiliar. El usuario y paciente necesitan la participación directa de la Enfermera.
 
Parece un "asunto baladí", pero no lo es; antes al contrario. Hemos de asumir el rol que corresponde a la Profesión, que no puede ser la de aquella actividad profesional que tenía que ser dirigida, supervisada y ordenada por un médico, pues mucho menos para que se cargue sobre nuestras espaldas -y sobre las del sistema- todo el trabajo y costo de la formación especializada.